¡No me ayude tanto compadre!
Estos dos meses para el equipo de
gobierno ha sido como entrar en un campo minado. Era absolutamente esperable y
se supone conocido, por lo cual se extraña que no se haya traído el
equipamiento correspondiente. Si bien, los soldados tenían sus créditos y diplomas,
en algunos se ha evidenciado lo que comúnmente se conoce como “no tener calle”;
es decir, experiencia política, ingrediente indispensable que no puede faltar
en estas ligas mayores. Los vacíos y errores comunicacionales -algunos de
silabario- entre ministros le están costando canas al mandatario, quien se las
ha jugado por ellos. No creo equivocarme que, en su primera cuenta pública,
anuncie un reajuste ministerial, es decir una “descontinuación.” Pero, lo más
grave es que además de los obstáculos del adversario, la artillería propia ha
quedado corta en sus fuegos y el gobierno ha estado recibiendo fuego amigo.
Como decía el Tata, “los señores políticos” no pueden olvidar su ego y siempre
o casi siempre, colocan sus intereses primero para obtener réditos futuros.
Pero ojo, los chilenos estamos cada vez más avispados y puede que sus
resultados les sean desfavorables. “Al
que le quepa el sayo que se lo ponga”
Nuestro problema de falta de “money”, por
una parte, es que el “mechero” nos dejó con un endeudamiento que supera el 42%
del PIB (US$140 mil millones). Además, los negociados de las pseudas
fundaciones y el “Caso Convenios” alcanzan los $90 mil millones. Las empresas
públicas han tenido grandes pérdidas: Codelco $US. 595 millones (2023); TVN:
$US. 27 millones aprox. (2023-2024); EFE: $US. 26 millones (2023); ENAMI:
$US.78 millones. Por otra, el pago permanente durante más de 30 años en
pensiones vitalicias, falsos exonerados, beneficios de salud, bonos e
indemnizaciones a más 38.000 personas reconocidas por la comisión Valech, supuestamente
víctimas de torturas –sin juicios- e indemnizaciones que el Poder Judicial ha
concedido sin límite alguno, alcanza -según GPT- a cifras que van desde $US.
4.000 a $US. 8.000 millones. Los empleos públicos -según DIPRES- han subido a
razón de 54.000 empleos anuales, con un costo aproximado de $US. de 3.000 a
5.000 millones. (Toribio ha presentado los principales rubros para no agotar a
los parroquianos.)
Ante este descalabro, es obvio que todos
tenemos que apretarnos el cinturón, pero es indiscutible que debe ser
proporcional. El gobierno había estimado una disminución general de 15% del
presupuesto, lo que despertó el llanterío de varis carteras; pero es razonable,
porque, por ejemplo, el 2025 el Ministerio de las Culturas obtuvo un aumento del
48,5% con respecto al anterior, por un monto de $485 mil millones. Está “mal
estirado el cuero del chancho,”, porque el presupuesto de la Defensa Nacional
tuvo un recorte de $US de 38,5 millones, además de la postergación del Fondo Plurianual,
cuyo monto se desconoce. (ojo lean la columna de Cristián Labbé. “La Paz
también se defiende”) Hay que quitar la maleza de los fondos sociales, la
burocracia. Un ex ministro de Pinochet hace unos años hizo un estudio que, si
se repartían directamente los fondos de ayudas sociales entre los dos deciles
más pobres, alcanzaba a $2,5 millones por familia.
En situaciones difíciles hay que tomar
medidas de igual carácter. En la década de 1930, se rebajaron los sueldos de
los empleados públicos. (Algunos doctos afirman qué, actualmente la remuneración promedio de los trabajadores para
el Estado es de $ 964.453 mensuales, mientras que el promedio del país ganaba $
635.134). Se redujo fuertemente el gasto fiscal, hubo despidos masivos en la
administración pública y se congelaron los reajustes. Medidas semejantes se
adoptaron durante el Gobierno Militar, especialmente en la crisis de los 80.
Toribio las cita solo como antecedentes a considerar.
Los “señores políticos” hacen gárgaras
con diferentes medidas para disminuir el gasto fiscal. Pero “mutis por el foro”
cuando se trata de sus propias remuneraciones o de altas autoridades. Las
pensiones vitalicias y otros pitutos que reciben los ex mandatarios; ojo con el
presupuesto del Consejo Resolutivo de Asignaciones, que al parecer existiría bastante
discrecionalidad para su administración -alarmantes gastos en combustible- cuyo monto no es menor: $60.638
millones, el 37 % del presupuesto total del Congreso.
“Hasta la vista baby”
Fernando Hormazábal Díaz
General de Brigada (R)

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