El precio de ser mujer y amar a su patria
Ana, Isabel, Celinda, Gladys, Verónica, Luisa, M. Angélica, Berta, Elisa, Teresa, M. Gabriela, Teresa del C., Rosa, Yolanda, Marilín, Lucinda, Donata, Ana del C. y Mercedes son mujeres, madres, abuelas que por años han estado lejos de sus seres queridos. Para ellas no ha sido posible celebrar el día de la madre, el de los abuelos; las fiestas de Navidad, cumpleaños, matrimonios, nacimientos, etc. Han sido víctimas de una justicia espuria, fraudulenta y corrompida. Perseguida por jueces prevaricadores, faltando descaradamente al debido proceso, reconocido en nuestra constitución y en tratados internacionales de DD.HH., a lo que a tanto aluden los voceros de la izquierda; mediante un sistema inquisitivo no vigente para el resto de los chilenos, carente de todo beneficio del que sí han hecho uso terroristas y subversivos.
Citando a un destacado abogado de la plaza: “No respetan la presunción de inocencia —por el contrario, presumen la culpabilidad de los imputados—Los jueces que conocen de los denominados procesos sobre violación de DD.HH., mediante diversos ardides, trapacerías e interpretaciones engañosas, artificiosas y antojadizas, eluden normas aplicables y aplican otras no procedentes; lo que produce como resultado sentencias absurdas, inicuas y arbitrarias. Ellos juzgan hechos acaecidos hace más de cuarenta años (hoy más de 50) como si hubiesen ocurrido en una época de plena normalidad institucional, sin considerar el contexto histórico, las causas que condujeron al desquiciamiento de nuestra sociedad, quienes fueron sus responsables y que se trataba de reprimir a organizaciones paramilitares que llevaban a cabo una cruenta guerra subversiva a fin de instaurar un régimen totalitario de corte castro-comunista en nuestra patria y que si ellas no hubiesen existido, tampoco habría existido tal represión”.
Los
chilenos olvidamos el papel de nuestras mujeres durante la crisis de los 70.
Ellas fueron las primeras que, en forma valiente, pero, fuerte y gran corazón,
alzaron la voz para protestar durante el régimen marxista de Allende. Luego, su
manifestación en la casa del exministro de Interior y Cdte. en jefe del
Ejército, fuertemente reprimida, marcó el punto de inflexión que llevó al
pronunciamiento de la Cámara de diputados, de la Contraloría, General de la
República, del Colegio de Abogados y otros organismos que abrieron la
participación de nuestras FF.AA. y de Orden, que trajera paz y prosperidad a
nuestra nación.
Las
nuestras, con igual prestancia y patriotismo juraron ante Dios y la bandera: “Servir fielmente a la Patria, ya sea en
mar, tierra o cualquier lugar, hasta rendir la vida si fuese necesario; obedecer
con prontitud y puntualidad las órdenes de mis superiores y poner todo empeño
en ser un soldado obediente y amante de mi Patria.” Y esto es lo que las llevó
a recibir injustas condenas, no obstante, cumplir tareas no operativas. Y helas ahí, septuagenarias, padeciendo en prisión, pero siempre
altivas y con coraje. Perseguidas por la justicia por el solo hecho de
pertenecer a los institutos armados y de orden; olvidadas por un pueblo mal
agradecido y abandonadas por la iglesia y las instituciones a las cuales
pertenecieron. Sin duda alguna, sin contar con defensas rentadas y sujetas a
una justicia que ha llegado a los niveles más bajo de desprestigio por jueces,
fiscales y ministros que no le han hecho honor a su cargo y de cuya
responsabilidad hoy pretender eludir apoyados en una defensa corporativa de
siniestros pares.
En Chile, hasta
diciembre 2022 se han otorgado indemnizaciones a presuntas víctimas y con gran beneficio para los abogados defensores por $US. 132 millones. Desgraciadamente, salvo las ONG de
origen familiar y de ex camaradas, no han recibido apoyo externo; como
tampoco de aquellos que lograron grandes fortunas gracias a la recuperación de
la libertad y a las políticas económicas del Gobierno Militar, continuadas por
30 años, cuyo precio lo pagaron con su vida más de 250 miembros de las FF.A. y
de Orden y 700 heridos en enfrentamientos con el MIR, el FPMR y el Frente
Juvenil Lautaro; y lo siguen solventando cerca de 400 internos, sin contar a
los suicidados y fallecidos en prisión que suman más de 40 -justamente mientras
escribía la presente, se sumó un nuevo mártir de más de 90 años, gravemente enfermo, al que no
le fue concedido la posibilidad de fallecer junto a los suyos-.
Esta veintena de valientes mujeres, también hoy son cautivas de una venganza despiadada, cimentada en un ideologismo absurdo y desquiciado por más de medio siglo, ajeno a toda muestra de misericordia y de solidaridad. Desde que asumiera el presidente Aylwin a la fecha se han otorgado 6.988 indultos tanto generales como especiales; entre estos últimos están todos los terroristas y subversivos que fueron sancionados durante el Gobierno Militar. El tiempo avanza inexorablemente y las esperanzas de estas heroicas mujeres y sus familias comienza a desvanecer. Pasó el Día de la Madre, fecha que habría sido oportuno dar una señal frente a la persecución activa y persistente del ideologismo judicial que no tiene límites y la nula capacidad de los chilenos para reaccionar. Muchas veces Toribio se pregunta: ¿Habrá sido necesario lo que Pepe Grillo persistentemente le ha zumbado al oído: “seguir el ejemplo de algunos países del barrio como Ecuador, Colombia y Brasil”? Toribio definitivamente cree que no. Pues ......
Presidente Kast, confiamos en Ud. No
nos defraude
Fernando
Hormazabal Díaz
General
de Brigada (R)


Cómo siempre..agudo , veraz e inteligente comentario sobre la espuria justicia chilena liderada por el odio y venganza.
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