Abrazos con dolor
El título de la presente columna no es original del autor. Es la expresión de un camarada de arma, interno en el penal de Colina1, denominado Pabellón Asistir -quizás con otro propósito- pero que a todas luces requiere urgencia de asistencias de todo tipo, producto de su sobrepoblación ampliamente superada -a pesar de los internos trasladados a Punta Peuco- donde los comedores han sido transformados en dormitorio o mejor dicho en lugar de alojamiento “apiñado”. Hoy día cumple dichas funciones un extendido corredor al aire libre, pero que gracias a la donación de un ex- camarada, hoy por lo menos los pone a cubierto de las lluvias, pero no del frío reinante. Las horas de visitas agendadas a ONG son acotadas de 10.00 a 12.00 -a diferencia de las visitas normales-. El tiempo pasa raudamente entre los variados controles, timbres, tarjetas de identificación, revisión de especies, corredores, escaleras y cadenas de cerrojos, etc.
Felizmente estamos reunidos, con algunas bajas que están hospitalizadas. Después de los abrazos, que no son cualquier abrazo, sino por ambos con un profundo cariño; amor por el camarada en desgracia. esperando transmitir un poco de confianza y de esperanza hacia aquel que igualmente lo retribuye con el mismo afecto. Juntamos algunas mesas y sillas de plástico, que parecen trasmitir con mayor fuerza el frío reinante en un patio descubierto, pero que rápidamente se desvanece al calor de una taza de café y la charla amena recordando vivencias del pasado, en la que no faltan las historias y hechos anecdóticos, a pesar del calvario que viven junto a sus familias por largos años Los minutos pasan con una rapidez impresionante y sin pretender por nuestra parte, conocer el detalle de los hechos por los cuales han sido inculpados, en cierto momento se da lugar al desahogo de emociones que seguramente los liberan de turbaciones que los afligen y que han estado reprimidas por largo tiempo. Nos llama la atención con la forma calmada en que se exponen, sin alteraciones, ni odio ni rencores hacia quienes fueron realmente responsables. Así escuchamos ratificar lo que ya conocíamos. Pero que la justicia no logró desentrañar haciendo responsable a oficiales subalternos encargados de cumplir una orden, sin apelación. Desde el oficial de alta graduación como oficial delegado del C.J.E. que llegó en un helicóptero acompañado de un grupo de oficiales y que emitió las ordenes que forzosamente tuvieron cumplir los jóvenes oficiales, pero que, por esas cosas del destino en esta larga cadena de mando, incluyendo al comandante de la unidad y otros oficiales, por diversas circunstancias, razones de enfermedad, inhabilitaciones u otras causales fueron excluidos de responsabilidades. Incluso un conocido abogado, periodista y político. ignorante de los verdaderos hechos se ha empeñado en excluir de cometidos al único gestor y autor intelectual de los hechos por encontrarse ausente, afirmando reiteradamente algo que es erróneo.
Nuestro silencio avala su pesar. Hay un dolor que comprendemos y compartimos. “El Ejército nos mandó a cumplir con nuestro deber, de salvar la Patria ante el caos que reinaba en el país. Los civiles nos tiraban trigo en los cuarteles y al paso en los desfiles. El ex presidente Frei justificaba la acción de las Fuerzas Armadas (no olvidar que esto se arregla con fusiles), lo mismo que Aylwin. Ahora que el país esta en calma, solo nosotros somos los únicos responsables. Todo el mundo nos ha abandonado hasta los sucesivos mandos institucionales. Y añadió algo que es indiscutible. “Llevamos más de 50 años divididos. Solo nos unimos con la Teletón y cuando juega la roja”.
Un último abrazo al despedirnos. “No estamos derrotados, aún tenemos esperanzas.” El camino de salida se torna más frío, pero no a causa de la temperatura. Es un frío del alma que te recorre todo el cuerpo. La presencia, al igual que a nuestro ingreso, jalonada de ancianos -y lo afirma este autor, que araña los 90, pero seguramente mucho menores- pero que el abandono, las enfermedades y la desesperanza por largos años los evidencian mucho mayor aún. Juzgados por un sistema caduco, orientado más por la venganza que por la justicia, responden nuestro saludo con sus miradas vacías, esperando quizás una visita que no llegó, o una madre o esposa que ya partió esperando en vano su vuelta a casa.
El regreso es en gran parte en silencio, sobrecogidos por el dolor y el pesar, no obstante, que las visitas periódicas nos hacen prever de antemano sus efectos, nos preguntamos: ¿Habríamos obrado en la misma forma de haber estado en esas circunstancias? Respondo por mí. Obvio. Los subtenientes de la época egresaban con 20 años, incluso algunos con menos. Los cinco años de formación en un estricto régimen disciplinario basado en el celoso cumplimiento del deber. “La orden se cumple y después se reclama” no daba opción a negarse, aún más teniendo en consideración el clima de beligerancia que reinaba en el país; la amenaza de los cordones industriales, las acciones del GAP con gran cantidad de extranjeros y el caos social y económico en toda la nación, con una izquierda armada y violenta que pretendía el control de los campos y de las ciudades contando con la pasividad de las autoridades y en muchos casos con su abierta participación. Hoy en día, los oficiales al egresar superan los 24 o 25 años; las condiciones del país son absolutamente diferentes a lo que se vivían en esos años, y justamente con el sacrificio -entre otros- de los que hoy cumplen condenas con el juicio actual. Es el pago de Chile.
El tiempo transcurre a otra velocidad para estos camaradas y sus familias. No se han dado señales y la desesperanza comienza a cobrar tributos. Ahora que se estudiarán caso a caso. Es que hay otras prioridades. Primero, el proyecto macro de reconstrucción; luego, el temporal que se ha desatado en forma destemplada, ocasionando severos daños y cuantiosos damnificados. Es de esperar que los sismos de Venezuela y Colombia no lleguen por estos lares
Presidente Kast no dilate más. Sus antecesores Aylwin, Frei, Lagos y Boric no le pidieron opinión ni siquiera miraron a la oposición. Actuaron conforme a sus facultades y nadie dijo nada. De una señal que no necesite el estudio caso a caso. Es solo misericordia y Ud. como cristiano creo que lo entiende y con mayor razón como mandatario elegido por una amplia mayoría. Hay 10 exsoldados conscriptos menores de edad en su época que jamás deberían haber sido condenados; 20 mujeres ancianas, mayores de 70 años, incluso una con 90 años. Hay 24 ancianos con más de 90 años y varias decenas con enfermedades terminales o en pésimo estado de salud.
¡No estamos derrotados!
Fernando Hormazábal Díaz
General de Brigada