¡Ya nada
puede sorprendernos!
La anterior es una frase muy socorrida. De hecho, hace
algunos días se la escuché a la “Pri”, como también, “para qué lo hacemos bien si lo podemos hacer mal.” Y es lo que
parece primar en nuestro querido Chile. Y no solo es culpa del hombrecito que
hoy pasea con su familia por Paris, con la “pensión” que les pagamos todos los
chilenos -ojalá sí, que no lo pillen “mechereando” por esas latitudes. Basta
con los ladrones internacionales chilensis que asolan Europa y USA. Pero este
problema data hace décadas. Desde que dejamos de creernos los ingleses de
América. Pero la cuestión es a todo nivel, porque ha salpicado hasta señores de
cuello y corbata, para no citar a los condenados con clases de ética; las aulas
tecnológicas, el fracaso de los trenes al Sur, el Caso MOP GATE; SOQUIMICH
repartiendo a “diestra y siniestra”, como expresara el vate “la izquierda y derecha unida jamás serán
vencidas”; los falsos exonerados y muchos otros investigados por años sin
arrojar a la fecha resultados, como las fundaciones truchas y Democracia Viva;
varios ex “Ilustrísimos/as Alcaldes, y miembros
de prestigiosas instituciones; el super abogado Hermosilla, que pavimentaba
el camino a jueces para ocupar los tronos reales de la Suprema y su larga vida
hasta los 75. De manera que el reciente fraude de la JUNAEB que se investiga
por más de $14 mil millones, será como el agua que llega al río.
En otro orden de ideas, la docta pluma de Cristián Labbé acaba de señalar
“La política no es sólo administración. Tampoco es únicamente técnica, cifras o
gestión. La política, en su esencia más profunda, es el arte de seducir, de
encantar, de movilizar voluntades y despertar esperanzas,” avalado por su
experiencia como ex SEGEGOB, durante el gobierno de mi general Pinochet. Y esto
es lo que esperamos con ansias los chilenos, en especial quienes confiamos en
Kast para ocupar el sillón de O’Higgins. “La ciudadanía quiere
saber que existe la voluntad y el coraje para enfrentar con firmeza y decisión
no sólo la adversidad, sino también cualquier intento desestabilizador de
quienes, desde la oposición, apuestan al fracaso del gobierno”. Quien
dirige este barco a puerto seguro debe mantener firme el timón y sin complejos
hacer frente a las adversidades, sin temor, con valor, como también, ordenando
sus filas, en especial algunos ministros que pretenden hacerlo a su pinta y no
como pedimos los chilenos. Confiamos que en su próxima rendición de cuenta
pública se vean claramente reflejados los compromisos asumidos en su campaña y
ponga término a la mascarada que por años empaña a la justicia por hechos
ocurridos hace más de 50 años, en especial por algunos jueces recientemente
homenajeados, que han hecho de ese Poder el más sórdido de nuestra historia
Sabíamos que su tarea iba a ser muy difícil con el campo
propicio para que las izquierdas hicieran de las suyas. Manifestaciones diarias
de estudiantes, con overoles blancos y bombas molotov incluidas, avaladas por
algunos padres, y un diputado que observaba desde la altura como en un coliseo
romano; individuos que aparentaban ser docentes y que por sus actos y vestimentas
estaban muy lejos de serlo; con el Colectivo Memoria de la UC, en pleno apogeo,
preparando a estudiantes -incluidos secundarios- en la praxis gramsciana, los
nuevos comunistas; la colocación de bombas -por ahora falsas- como
amedrentamiento a quienes piensen distinto. Y todo bajo un escenario nada adelantador.
Un Estado desfondado, con un endeudamiento que alcanza el límite del 45% del
PIB, poniendo en duda la sostenibilidad financiera del país; una oposición
cerrada dispuesta tan solo a recuperar el poder, aún a costa de los más
precarios que dicen defender; una delincuencia desatada y con un alto
compromiso del crimen organizado y narcotráfico internacional, que nos hacen
temer el escenario de Colombia y México.
Son los bemoles de la democracia. Sócrates (470 -390 AC) –
según algunos filósofos- pensaba que la
democracia era peligrosa no porque que amaba la tiranía, sino porque destruía
el pensamiento crítico, que trataba a todas las ideas como iguales, pero no todas
las opiniones tienen el mismo valor. Un votante desinformado no puede tener el
mismo valor que una persona educada; la democracia recompensa la popularidad,
no la competencia, y que las masas votarán por aquello que les hace sentir bien;
no por lo que es correcto y necesario. No afirmaba que las personas eran estúpidas,
sino que, las personas desinformadas toman malas decisiones y la habilidad de
los oradores sin verdadera sabiduría podían manipular a multitudes usando
emociones en vez de verdades, proponían soluciones fáciles para problemas complejos,
apelando al miedo, ego y a la comodidad.
Sabias palabras. Son estos momentos en que son vitales
que surjan líderes. Ya lo vivimos en el pasado. ¿Alguien puede dudarlo?
Fernando Hormazábal DIAZ
General de
Brigada (R)

Excelente, como es habitual. Me interpreta.
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