¡El Chile de hoy!
Hace casi 50 años, en un viaje de egreso
del III año de la Academia de Guerra del Ejército, visitamos la República de El
Salvador, después de haber estado unos días en Washington DC. Comentario
obligado de los alumnos al recorrer la capital caribeña, era constatar que la
mayoría de las viviendas en barrios residenciales estaban protegidas con
concertinas de alambre de púas e incluso algunas con guardias armados; al igual
que discotecas y restaurantes con individuos provistos de machetes, lo que
obviamente suscitaba comentarios negativos de los alumnos, al compararlo con el
nuestro. No he vuelto a visitar dicha república, pero dudo que con el actual
gobierno esté en las mismas condiciones, las que, sin embargo, desgraciadamente
estamos próximos a superar, si es que ya no lo hicimos. Son los bemoles que ha
traído la democracia ante la carencia de políticos que han puesto como primera
prioridad sus intereses personales o partidistas antes que los de la Patria -nunca
antes habíamos conocido un número importante de alcaldes, parlamentarios, jueces
y altas autoridades siendo procesadas por delitos cometidos en el ejercicio de
sus cargos- fuertemente influenciados
por un progresismo desatado que ha pasado por sobre los principios rectores de
nuestra cultura cristiano occidental. El crimen organizado con todos sus
flagelos como el tráfico de drogas, la trata de personas, prostitución, casinos
ilegales, delincuencia, secuestros, extorsiones, sicariato, comercio ambulante
y toda clase de asociaciones ilícitas, como el terrorismo.
La opinión pública ha sido fuertemente
impactada con el horrendo crimen del niño de 12 años, a consecuencia del
abordazo sufrido por sus padres, ante la brutalidad e inclemencia de los criminales
que lo arrastraron por varios kilómetros. La reacción nacional era lo que se
esperaba ante la crueldad de los hechos protagonizados por delincuentes jóvenes,
no visto desde los crímenes del Chacal de Nahueltoro, hace 100 años. Ha sido
tema obligado en todos los matinales, donde todo el mundo tanto animadores como
alcaldes y otras autoridades han hecho presente ante la carencia de medios
policiales el empleo del ejército en dichas tareas. Para que hablar de los
“señores políticos.” Los que ayer denostaban a policías y fuerzas armadas;
pidiendo la reformulación de unas; la eliminación de las escuelas matrices
formadoras de oficiales; hasta la eliminación del servicio militar permanente,
porque nuestras relaciones con los vecinos eran óptimas y no había peligro de
guerras; y otras cuantas sandeces, hoy claman para que sean empleadas en tareas
ajenas a las que establece la norma constitucional.
En el intento golpista del 18.O.2019, los
señores políticos que siempre “sacan las
castañas del fuego con las manos del gato”, pretendieron blindarse y
sacaron las famosas pero estúpidas e ineficientes Reglas de Uso de la Fuerza,
que con sus principios de legalidad, necesidad, proporcionalidad,
responsabilidad y racionalidad, además de una gradualidad rayana en lo ridículo
solo han avalado las conductas subversivas de los delincuentes, terminando con
la expulsión de funcionarios uniformados y de cárcel por medio, dejándolos en
manos de la justicia ordinaria aun cuando ocurran en un procedimiento de
servicio, que ha sido el criterio general de jueces ideologizados. Infelizmente,
nuestro país, como muchas naciones vecinas ha sido presa por décadas en
nuestras universidades y centros académicos de la praxis gramsciana, las que
también han contaminado tribunales internacionales, a partir de los cuales a
partir de 1990 han tenido un rol importante en la modificación de nuestras
leyes, algunas de las cuales hoy día juegan a favor de la delincuencia.
No me cabe la menor duda, que aquellos que hoy claman por la participación de las fuerzas armadas en el control del orden público, en el pasado habrían celebrado con júbilo la declaración de la Cámara de Diputados denunciando la vulneración constante de Allende a la Constitución; como asimismo las de las diversas organizaciones en igual sentido y que clamaban la intervención de las FFAA., a las cuales hostigaban con ofensas en medios de comunicación o lanzando trigo en las puestas de los cuarteles o a su paso en los desfiles.
En el viejo Chile nos vanagloriábamos cuando nos decían que éramos los ingleses de América y nos creíamos el cuento. Pues éramos un país, chico, pobre, trabajador, pero honrado. Hasta el extremo que cuando un pasajero accedía a una micro por la puerta trasera, ante la imposibilidad de hacerlo por la delantera, las monedas para pagar el valor recorrían todo el pasillo y el mismo camino de regreso con el boleto o el vuelto si correspondía. Hoy la evasión en el transporte público se estima en $US 200 millones anuales, los cuales servirían para financiar 10 mil viviendas sociales de 450 UF.
Las modificaciones hechas al Código de
Justicia Militar a partir del 2010, han limitado las competencias de los
tribunales militares, dejando a este personal ser juzgados con el mismo
criterio antes señalad0 y con resultados nefastos para miembros de Carabineros
y del Ejército durante el intento de derrocar al gobierno en el 2019. A juicio
de esta modesta pluma tal como lo expresan las normas vigentes, la FF.AA.
tienen como misión la defensa nacional y solo pueden desempeñarse funciones de
seguridad interior cuando la Constitución o una ley lo autorice expresamente,
las que en todo caso deben reunir los criterios y normas que aseguren su empleo
en forma eficiente y eficaz sin temor a ser víctimas de una justicia que ha
dado muestra de no ser tal.
En este mismo orden de ideas, Toribio
valora la permanente voz del almirante Vergara, que ha permeado las páginas de
diarios, denunciando en forma valiente el carácter espurio de la justicia que mantiene
recluidos a cientos de ancianos por hechos de hace 50 años. Se requieren más
voces similares para despertar la conciencia nacional de este mal pago de Chile;
muchas de las nuestras se pierden en el éter, en “la nube” o son como “las aguas del río que se van a la mar que
es el morir”, como cantó el poeta Manrique. Excúsenme, pero no puedo aceptar
una moneda de cambio -esperando mejores condiciones políticas para hacer uso de
facultades que otorgan la Constitución y las leyes- cuando en cada visita veo a
camaradas y subalternos con quienes compartí tiempos de juventud ya lejanos; o a
quienes enfrentaron la aguda crisis del 78 en las gélidas fronteras de las
pampas magallánicas o en las del desierto
nortino -sacrificando una vez más sus vidas por el bien de la patria- con
avanzado estado de deterioro de salud, caminar cansino o ayudado por terceros; de pie o sentados, tratando de captar
los débiles rayos del sol de invierno que alumbran pero no calientan, en los pequeños
espacios que lo hacen posible, con la
vista perdida, esperando algo que se hace cada vez más eterno o quizás, viendo
en el refugio de su muerte, los alivios
para su familia.
Adhiero a quien escribiera: “La historia juzgará no solo a quienes
tomaron las decisiones sino también a quienes pudieron alzar la voz y
prefirieron guardar silencio.”
Fernando Hormazábal Díaz
General de Brigada (R)

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