lunes, 29 de junio de 2026

343. NOSTALGIAS QUE ABRUMAN

 

¡El Chile de hoy!

    Hace casi 50 años, en un viaje de egreso del III año de la Academia de Guerra del Ejército, visitamos la República de El Salvador, después de haber estado unos días en Washington DC. Comentario obligado de los alumnos al recorrer la capital caribeña, era constatar que la mayoría de las viviendas en barrios residenciales estaban protegidas con concertinas de alambre de púas e incluso algunas con guardias armados; al igual que discotecas y restaurantes con individuos provistos de machetes, lo que obviamente suscitaba comentarios negativos de los alumnos, al compararlo con el nuestro. No he vuelto a visitar dicha república, pero dudo que con el actual gobierno esté en las mismas condiciones, las que, sin embargo, desgraciadamente estamos próximos a superar, si es que ya no lo hicimos. Son los bemoles que ha traído la democracia ante la carencia de políticos que han puesto como primera prioridad sus intereses personales o partidistas antes que los de la Patria -nunca antes habíamos conocido un número importante de alcaldes, parlamentarios, jueces y altas autoridades siendo procesadas por delitos cometidos en el ejercicio de sus cargos-  fuertemente influenciados por un progresismo desatado que ha pasado por sobre los principios rectores de nuestra cultura cristiano occidental. El crimen organizado con todos sus flagelos como el tráfico de drogas, la trata de personas, prostitución, casinos ilegales, delincuencia, secuestros, extorsiones, sicariato, comercio ambulante y toda clase de asociaciones ilícitas, como el terrorismo.

    La opinión pública ha sido fuertemente impactada con el horrendo crimen del niño de 12 años, a consecuencia del abordazo sufrido por sus padres, ante la brutalidad e inclemencia de los criminales que lo arrastraron por varios kilómetros. La reacción nacional era lo que se esperaba ante la crueldad de los hechos protagonizados por delincuentes jóvenes, no visto desde los crímenes del Chacal de Nahueltoro, hace 100 años. Ha sido tema obligado en todos los matinales, donde todo el mundo tanto animadores como alcaldes y otras autoridades han hecho presente ante la carencia de medios policiales el empleo del ejército en dichas tareas. Para que hablar de los “señores políticos.” Los que ayer denostaban a policías y fuerzas armadas; pidiendo la reformulación de unas; la eliminación de las escuelas matrices formadoras de oficiales; hasta la eliminación del servicio militar permanente, porque nuestras relaciones con los vecinos eran óptimas y no había peligro de guerras; y otras cuantas sandeces, hoy claman para que sean empleadas en tareas ajenas a las que establece la norma constitucional.

    En el intento golpista del 18.O.2019, los señores políticos que siempre “sacan las castañas del fuego con las manos del gato”, pretendieron blindarse y sacaron las famosas pero estúpidas e ineficientes Reglas de Uso de la Fuerza, que con sus principios de legalidad, necesidad, proporcionalidad, responsabilidad y racionalidad, además de una gradualidad rayana en lo ridículo solo han avalado las conductas subversivas de los delincuentes, terminando con la expulsión de funcionarios uniformados y de cárcel por medio, dejándolos en manos de la justicia ordinaria aun cuando ocurran en un procedimiento de servicio, que ha sido el criterio general de jueces ideologizados. Infelizmente, nuestro país, como muchas naciones vecinas ha sido presa por décadas en nuestras universidades y centros académicos de la praxis gramsciana, las que también han contaminado tribunales internacionales, a partir de los cuales a partir de 1990 han tenido un rol importante en la modificación de nuestras leyes, algunas de las cuales hoy día juegan a favor de la delincuencia.

    No me cabe la menor duda, que aquellos que hoy claman por la participación de las fuerzas armadas en el control del orden público, en el pasado habrían celebrado con júbilo la declaración de la Cámara de Diputados denunciando la vulneración constante de Allende a la Constitución; como asimismo las de las diversas organizaciones en igual sentido y que clamaban la intervención de las FFAA., a las cuales hostigaban con ofensas en medios de comunicación o lanzando trigo en las puestas de los cuarteles o a su paso en los desfiles. 

    En el viejo Chile nos vanagloriábamos cuando nos decían que éramos los ingleses de América y nos creíamos el cuento. Pues éramos un país, chico, pobre, trabajador, pero honrado. Hasta el extremo que cuando un pasajero accedía a una micro por la puerta trasera, ante la imposibilidad de hacerlo por la delantera, las monedas para pagar el valor recorrían todo el pasillo y el mismo camino de regreso con el boleto o el vuelto si correspondía. Hoy la evasión en el transporte público se estima en $US 200 millones anuales, los cuales servirían para financiar 10 mil viviendas sociales de 450 UF.

    Las modificaciones hechas al Código de Justicia Militar a partir del 2010, han limitado las competencias de los tribunales militares, dejando a este personal ser juzgados con el mismo criterio antes señalad0 y con resultados nefastos para miembros de Carabineros y del Ejército durante el intento de derrocar al gobierno en el 2019. A juicio de esta modesta pluma tal como lo expresan las normas vigentes, la FF.AA. tienen como misión la defensa nacional y solo pueden desempeñarse funciones de seguridad interior cuando la Constitución o una ley lo autorice expresamente, las que en todo caso deben reunir los criterios y normas que aseguren su empleo en forma eficiente y eficaz sin temor a ser víctimas de una justicia que ha dado muestra de no ser tal.

    En este mismo orden de ideas, Toribio valora la permanente voz del almirante Vergara, que ha permeado las páginas de diarios, denunciando en forma valiente el carácter espurio de la justicia que mantiene recluidos a cientos de ancianos por hechos de hace 50 años. Se requieren más voces similares para despertar la conciencia nacional de este mal pago de Chile; muchas de las nuestras se pierden en el éter, en “la nube” o son como “las aguas del río que se van a la mar que es el morir”, como cantó el poeta Manrique. Excúsenme, pero no puedo aceptar una moneda de cambio -esperando mejores condiciones políticas para hacer uso de facultades que otorgan la Constitución y las leyes- cuando en cada visita veo a camaradas y subalternos con quienes compartí tiempos de juventud ya lejanos; o a quienes enfrentaron la aguda crisis del 78 en las gélidas fronteras de las pampas magallánicas o en las del  desierto nortino -sacrificando una vez más sus vidas por el bien de la patria- con avanzado estado de deterioro de salud, caminar cansino o ayudado  por terceros; de pie o sentados, tratando de captar los débiles rayos del sol de invierno que alumbran pero no calientan, en los pequeños espacios que lo hacen posible, con  la vista perdida, esperando algo que se hace cada vez más eterno o quizás, viendo en el  refugio de su muerte, los alivios para su familia.

Adhiero a quien escribiera: “La historia juzgará no solo a quienes tomaron las decisiones sino también a quienes pudieron alzar la voz y prefirieron guardar silencio.”

Fernando Hormazábal Díaz

General de Brigada (R)

 

 

 

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