lunes, 20 de julio de 2026

344. LLEGÓ EL NIÑO

 

Y llegó “aniñao”

         Llegó ”aniñao,” pero no con la expresión de infantil o achicado; sino en el sentido coloquial de guapo y animoso, y muy guapo, bastante, diría yo. No es como la Niña, que es más tierna, dulce y a veces muy reservada. Los chilenos sabemos que esta angosta, larga y hermosa faja de tierra adolece periódicamente de desastres naturales. Terremotos, temblores son como el pan de cada día, tan acostumbrados estamos que a veces ni nos movemos con uno de grado 5 ó 6. Nos sentimos seguros porque a lo largo de nuestra historia hemos adquirido una cultura antisísmica que nos permite hacer frente con mucho menor riesgo y consecuencias que en otras naciones. Sin embargo, esta misma conducta no ha sido ni está presente cuando se trata de desastres naturales provocados por las lluvias. Desde niño -que son varios decenios- crecí escuchando el cuidado con la Quebrada San Ramón, el desborde del Canal San Carlos, el zanjón de la Aguada, la inundación de la Gran Avenida, el paso bajo nivel de Ñuble, etc., lugares que cada cierto tiempo continúan saliéndose de sus cauces. Y si bien es cierto, que el Norte de Chile, está menos expuestos a desastres naturales, pero cuando vienen, se vienen con todo, como en la actualidad está afectando a la IV y III regiones. No tengo registros en mi memoria con anterioridad de devastadores daños como los que actualmente afectan a la región de Coquimbo y provincia de Huasco; quizás con efectos tan dañinos como los del terremoto del 2010, con la diferencia que en este caso han sido y son recurrentes por varios días.

        No obstante, por cerca de dos meses se había venido anunciando por diversos medios, que se esperaba un Niño con pantalones largos y que había que adoptar las previsiones correspondientes; eran tan insistentes que para algunos pudo llegar a ser hasta molesto. Y esta vez no se equivocaron los meteorólogos e incluso quedaron cortos. En estos momentos todo el mundo patalea por mayores recursos y medios por parte de la autoridad; alcaldes con justificada razón porque les toca de primera y no faltan algunos pseudos especialistas que dictan cátedra con soluciones imposibles de cumplir mientras persistan las lluvias. No hay que llorar sobre la leche derramada ni seguir echando la culpa al mechero inepto que nos gobernó por cuatro años, saqueando las arcas fiscales con sus compinches, fundaciones truchas y un largo etc. De una vez por todas, los chilenos en general y el Estado en particular, tiene que asumir una cultura anti desastres por las lluvias, tal como existen en caso de incendios o movimientos sísmicos. Aquietadas las aguas el gobierno tendrá que hacer lo suyo para concurrir en ayuda de los damnificados y aprovechar esta nefasta experiencia para hacer un catastro nacional de los daños ante futuros eventos y elaborar un plan –un Manual de Corta Palos- a incluir entre las prioridades con obras de reparación y de mitigación para evitar o palear futuras tragedias.

        El gobierno -según Toribio- declaró un tanto tardío el Estado de Catástrofe. Mediante el cual las zonas afectadas quedan bajo la dependencia inmediata del jefe de la Defensa Nacional que se designe, es probable -especulando- que temiera críticas de parte de sectores políticos. Esto significa que, el Gobernador Provincial, Delegados presidenciales, alcaldes, Carabineros, FF.AA., Bomberos, Senapred, secretarios regionales, etc, ALINE…AR, Vista al FRENT…, por cuanto asumirá la dirección y supervigilancia de su jurisdicción con todas o parte de las facultades delegadas por el presidente Kast. Estas pueden restringir las libertades de locomoción y de reunión; disponer de requisición de bienes; limitaciones al ejercicio de la propiedad y adoptar todas las medidas administrativas para el pronto restablecimiento de la normalidad, detalladas in extenso en el Art.7 de la Ley O.C, N° 18415.

        Circunstancias como las actuales son las que evidencian la nefasta actitud de los señores políticos cuando legislan afectando los intereses de la Defensa Nacional, con restricciones presupuestarias y de dotaciones, en especial del personal llamado a cumplir con su Servicio Militar. Porque estos no están dispuestos en una estantería de un supermercado, como conservas, abrir un tarro y servirse. Necesitan convocarse en las cantidades necesarias, en forma oportuna e instruirse.

       Por si fuera poco, en otro orden de ideas, esta desgracia será un nuevo motivo para diferir la promesa del presidente Kast de otorgar los indultos a nuestros camaradas, víctimas del 18.O y de aquellos que llevan decenios en los penales, producto de una venganza bajo un sistema judicial espurio y obsoleto. Primero, fue que llevaba poco tiempo; luego, lograr la aprobación del proyecto estrella del gobierno para echar andar al país y no despertar el encono de la izquierda- lo que lleva ya varios meses; y finalmente, este desastre que concentrará el centro de gravedad de la acción del gobierno en ayuda de los miles de damnificados. Mientras tanto 20 mujeres, 10 ex soldados conscriptos y centenares de viejos soldados, octogenarios y nonagenarios, muchos con enfermedades terminales y serias limitaciones físicas ven con angustias que sus esperanzas son cada día más débiles. Toribio espeta que al parecer el gobierno por el cual votó no puede marchar comer chicle al mismo tiempo.

 

Fernando Hormazábal Díaz

General de Brigada (R)

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